80. Mercurio

Llegamos por fin al elemento número 80 de la Tabla Periódica. Es, sin duda, uno de los elementos más curiosos de la misma: El mercurio. El único metal de la tabla que se encuentra en estado líquido a temperatura ambiente. También le pasa al bromo, pero este no es un metal, claro (Es un halógeno).

El elemento que hoy nos ocupa es el de 80 protones. En su núcleo, además de protones, como sabes, hay neutrones: Casi en el 30% de los casos hay 122 (Con lo que lo conocemos como Hg202). El resto de isótopos estables son Hg196, Hg198, Hg199, Hg200, Hg201 y Hg204. Existen isótopos inestables, pero éstos han sido creados en laboratorio (No tienen tanto interés). 

El mercurio solamente tiene 2 electrones en su capa más externa. Estos están ligados al núcleo con mayor fuerza de lo habitual, lo cual hace que cualquier unión de un átomo con otro, no tenga tanta fuerza como la esperada. Esas débiles uniones son precisamente las que hacen que el mercurio sea líquido a temperatura ambiente. Además, también debido a ellas, el mercurio no conduce demasiado bien ni el calor ni la electricidad.  

Los griegos lo llamaron hidrargirio, que proviene de las palabras hydros y argyros (agua y plata), que es fácil de entender para cualquiera que haya visto mercurio alguna vez en su vida. Los romanos, por su parte, lo llamaron Mercurio, mensajero de los dioses y dios del comercio. Aunque el nombre en griego no llegara lejos, al menos el símbolo del mismo, Hg, proviene de esa época (HidrarGirio). Como ves, es un metal que se conoce desde hace muchos siglos. Es fácil de obtener (ahora lo veremos) y cualquier civilización con un poco de curiosidad lo obtuvo sin problemas. Los egipcios quizá fueran de los primeros. Ellos colocaban mercurio en sus tumbas, como parte del tesoro y también lo utilizaban como cosmético (lo vemos luego). Los chinos lo conocían desde hacía muchísimo también, y fabricaron con el relojes de agua y juguetes. Se ha encontrado una piscina de mercurio debajo de una pista de juego de pelota de los mayas en Belice. Los árabes que conquistaron la Península también tenían estanques de mercurio en los jardines de los palacios, creando un efecto de piscina/espejo impresionante. La mayor mina de mercurio del mundo por aquel entonces se encontraba en Almadén (Provincia de Ciudad Real), lugar nombrado así por los árabes (Al-ma`din, que significa “la mina”). La cosa ha cambiado mucho desde aquellos tiempos, aunque seguimos haciendo piscinas con mercurio (bueno, que yo sepa, solo una). Me refiero a la escultura “Fuente de mercurio” del famoso escultor americano Alexander Calder (Y el mercurio, como además dice en la misma, es de Almadén). 

Fuente de mercurio, de Alexander Calder. 

El mercurio se ha utilizado en la medicina china o en la Edad Media como desinfectante, laxante (Como laxante hasta el siglo pasado se usaba, y tiene sentido, porque el cuerpo quiere eliminar todo lo malo), calmante o incluso como tratamiento de la sífilis. Bueno, suena un poco a locura, porque el mercurio es muy tóxico, pero sorprendentemente el uso del mercurio en medicina no es algo exclusivo de la antigüedad: Los que tenemos una cierta edad nos hemos curado las heridas con mercromina, que tiene un 2% de un compuesto llamado merbromina que contiene bromo y mercurio. Sigue vendiéndose en España y en otras muchas partes del mundo, pero, aquí al menos, se utiliza ya muy poco.  

El mercurio se extrae de un mineral llamado cinabrio (o bermellón) que viene a ser sulfuro de mercurio (mencioné el cinabrio en la entrada del azufre). Un tercio del mercurio que se ha extraído en el mundo a lo largo de la historia ha salido de las minas de Almadén. Ha sido sin duda el mayor yacimiento de cinabrio del mundo y el único que ha sido explotado durante más de 2000 años (Cerraron la mina en el 2003 aunque siguieron vendiendo el mercurio hasta el 2011). Ahora forma parte del Patrimonio Mundial de la UNESCO. Habrá que ir a visitarla, ¿no?. 


Cinabrio
Cinabrio de Almadén. 













En los orígenes, el uso del cinabrio era puramente decorativo, pues se obtenía un pigmento rojo muy potente (Es lo que debían usar los egipcios como cosmético). Aunque también lo usaron mucho los alquimistas. Ellos pensaron: “Si de una roca puedo sacar azufre y mercurio solo con calentarlo (y viceversa), entonces es que puedo transformar casi cualquier cosa en casi cualquier otra y, con los ingredientes y procedimientos adecuados, llegar incluso a crear oro”. Los alquimistas se equivocaban, pero ese afán por hacerse rico, fue el principio de la química que conocemos hoy.  

El caso es que hasta el descubrimiento de América, el mercurio (o azogue, como se le conocía entonces) se iba usando, pero tampoco tenía una gran demanda. Esto cambió súbitamente cuando se descubrió que venía muy bien para extraer la plata y el oro americanos. Los galeones españoles transportaban hasta el Nuevo Mundo el mercurio de Ciudad Real metido en pieles de cordero, dentro de bidones de madera reforzados. Una vez en las minas, se utilizaba para extraer la plata o el oro mediante una técnica que desarrolló allí, en el año 1555, Bartolomé de Medina (Algo le había contado también un alemán en España), un comerciante sevillano que acabó dedicándose a la metalurgia. El método de Medina era conocido como “Método de patios”. El tema es que extendían el mineral triturado al aire libre y le echaban agua, sal, alguna otra cosa como cal o magistral (mezcla de óxido férrico y sulfato cúprico) además del mercurio. De esa manera,  chafándola y dejándola reposar, el mercurio forma la amalgama con la plata o el oro y después puede separarse del resto de la muestra sin problemas. La plata o el oro se extrae por destilación y se funde en lingotes o lo que se quiera. Y de vuelta para Europa. 

El proceso de obtención del oro y la plata de Bartolomé de Medina se utilizó durante más de 3 siglos. Después, se ha empleado cianuro o carbón, pero eso ya es otra historia. Hoy en día, existen importantes minas de mercurio en Eslovenia, Eslovaquia, Ucrania y también en China, México y USA. Si bien es cierto que la comercialización del mercurio, se está trabajando (Y España y Uruguay están liderando las negociaciones) para que se prohíba o se limite al máximo. Se están celebrando una serie de reuniones con este objetivo y la próxima será en noviembre del 2021. Las cosas de palacio van despacio, pero esperemos que lleguen a buen puerto. (Busca Convenio de Minamata sobre el mercurio, si es que estás interesado en el tema). 

Como he dicho, el mercurio es muy venenoso. Es un elemento muy contaminante y que pasa a la cadena alimenticia con mucha facilidad. Esto ahora lo tenemos claro. Aun así, dejo algún dato: El 35% del mercurio que se libera proviene de las pequeñas explotaciones mineras para extracción de oro, gran parte de ellas en Sudamérica. En segundo lugar, con un 21% de las emisiones, procede de la quema de carbón en las centrales energéticas. Es un motivo más para cerrar estas centrales tan perjudiciales para el medio ambiente (Si bien es cierto que con las medidas adecuadas puede reducirse la emisión desde las mismas en un 95%, pero claro). El caso es que es muy difícil eliminar el que ya se ha liberado. El mercurio se acumula en el cuerpo en forma de una toxina llamada metilmercurio (CH3Hg)+ , la cual es muy peligrosa. Dicha toxina se crea en los organismos (mayormente marinos) a través de unas bacterias. Si un pez pequeño tiene mercurio, el pez que se lo come (atún, salmón, lubina…) va a acumular ese mercurio. Si come muchos peces con mercurio irá sumando. Es un problema, porque estos peces acaban con una demasiado alta concentración de mercurio en su cuerpo, que termina, sí o sí, dentro de sus mayores depredadores: Los seres humanos. Comer pescado no es tan sano, ni para nosotros, ni para el medio ambiente.

El mercurio puede provocar problemas digestivos y fallos en el sistema nervioso o incluso pulmonares. El envenenamiento por mercurio se conoce como hidrargirismo o mercurialismo. Además, es que puedes acabar, como dicen los ingleses: “Mad as a hatter”, expresión que proviene de cuando los fabricantes de sombreros de Manchester, que empleaban mercurio para tratar las pieles de los animales con las que hacían sus sombreros, acababan locos perdidos debido a la intoxicación por mercurio. En realidad, comer mercurio puro es peligroso, sí, pero el cuerpo no lo asimila y lo expulsa igual que entró. Es mucho más peligroso aspirar los vapores, que es lo que hacían los sombrereros.

Uno de los mayores casos de intoxicación por mercurio ocurrió en la bahía de Minamata (de ahí el nombre del Convenio), al sur de Japón, por el accidental vertido de metilmercurio, que intoxicó a 3000 personas provocándoles daños neurológicos bastante severos.  

Así que, debido a su toxicidad, se ha ido prohibiendo, y por lo tanto se le ha encontrado sustituto en muchas aplicaciones. Aunque, vaya mala suerte, también se le han encontrado nuevas, y de hecho, ha llegado a aumentar la demanda por culpa de las lámparas compactas de bajo consumo. Utilizan muy poco mercurio y los que defienden su uso se basan en que, si se reciclan correctamente, no pasa nada (lo cual pienso que es un error, porque la gente es como es) y que la energía que se ahorra con cada una de ellas compensa, porque la producción de energía extra para alumbrar con las normales expulsa más mercurio a la atmósfera. (Bueno, sí, dependiendo del momento y la zona).  

El mercurio tiene más aplicaciones hoy en día. Por ejemplo, como curiosidad, el Gran telescopio zenital (LZT), construido cerca de Vancouver, en Canadá, en el año 2013 (Y clausurado en el 2019). Tenía un espejo de 6 metros de diámetro hecho de mercurio. Era como una piscina que al girar le daba al líquido metálico la forma ovalada de cualquier espejo de un telescopio, pero con una nitidez buenísima. Y a un precio relativamente bajo. 

El mercurio se ha utilizado mucho en termómetros. Es otro ejemplo de aplicación en la que se ha sustituido este metal (se supone, vamos, porque la verdad es que siguen vendiéndose) en este caso por la electrónica. El primer termómetro de mercurio de la historia, por cierto, lo fabricó Daniel Fahrenheit alrededor del año 1714.  

Otro ejemplo similar es el invento de Evangelista Torricelli, en 1643. No hubiera descubierto la presión atmosférica ni hubiera inventado el barómetro de mercurio si no hubiera sido por este elemento. Obviamente, también han sido sustituidos por medidores electrónicos. 

Los aparatos de medida son el mayor uso que se le da al mercurio hoy en día (todavía). También se utiliza mucho en aplicaciones dentales (la amalgama) y para baterías. Se venden también interruptores de inclinación de mercurio. Como digo, estas aplicaciones se están reduciendo poco a poco, así que, aunque quizás demasiado lentos, vamos por el buen camino.  

Por supuesto, el mercurio tiene más aplicaciones, en forma de algunos de sus compuestos, como el cloruro de mercurio (HgCl2) que se utiliza como veneno o el Fulminato de mercurio (HG (ONC)2)– que es un detonador usado en explosivos. Supongo que estas aplicaciones también tendrán alternativas al mercurio… un elemento que hay que conocer, pero también evitar.

Usos del mercurio. (Página de las Naciones Unidas).

  

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