2. Helio

El helio tiene dos protones, dos electrones y, generalmente, dos neutrones.

Es el segundo elemento más abundante en el Universo. Y es que, en las estrellas, se genera mucho, mucho helio. Es el resultado de la fusión de dos átomos de hidrógeno, el combustible estelar por excelencia. Ya sabes. (Escribí una entrada al respecto, que puedes leer, si tienes curiosidad AQUÍ). 

Sus dos electrones son suficientes para rellenar la primera y única capa de electrones que tiene. El número máximo de electrones que tiene una capa son 2n^2, (siendo “n” el número de la capa) así que la primera capa (n=1) tiene un máximo de 2 electrones, justo los que tiene el helio. El hecho de tener la capa completa, le da una estabilidad buenísima, lo que marcará, como no podía ser de otra manera, su carácter.

Al ser un átomo muy estable, no reacciona con nada. Es por ello por lo que aun siendo el segundo elemento más abundante que existe, es bastante difícil encontrarlo en la Tierra. El caso es que es un átomo tan ligero que no se arrejunta con ningún otro y, por lo tanto, escapa fácilmente de la atmósfera terrestre: sube, sube y sube y nada lo frena hasta que se encuentra en el vacío del espacio.

Esa escasez de helio en la Tierra es, precisamente, lo que le dio nombre. El nombre proviene de Helios, el Dios griego del Sol. ¿Por qué? Porque se descubrió, allá por el siglo XIX, precisamente en el Sol. ¿Cómo puede ser eso? Pues utilizando una técnica llamada espectroscopia que, básicamente, mide las ondas que emiten los átomos cuando se calientan. Se miró al Sol y descubrieron unas ondas que no encajaban con ningunas de las de los elementos que se conocían en la Tierra con lo que, se dedujo, debía ser un elemento nuevo, al que se le dio el nombre de Helio.
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Supongo que te estás preguntando que si todo el helio se escapa de la Tierra ¿De dónde se saca el que se utiliza para, por ejemplo, hinchar los globos en una fiesta de cumpleaños? Pues bien, de dos maneras: Una, se forma en la Tierra. Elementos radiactivos como por ejemplo el uranio sueltan, de vez en cuando, un átomo de helio (lo que se conoce como una partícula alfa). Y por otro lado, también está almacenado bajo la superficie (ese que no ha podido escapar) y se extrae, por ejemplo, al extraer petróleo de los pozos petrolíferos.

¿Y sobre sus propiedades? Pues la más destacable, por supuesto, es la de que es un gas noble y no reacciona con nada. Es incoloro, insípido, inodoro. Trasmite muy bien el calor y aunque lo enfríes a 0ºK (lo que se conoce como el cero absoluto), seguirá siendo líquido (se congelará solo si se le aumenta, además, la presión).

Así que las principales aplicaciones tienen que ver con su ligereza (hinchado de globos, por ejemplo) y su capacidad de refrigerante. Si alguna vez te has preguntado, por cierto, si es malo “respirar” el helio de los globos… quizá podrías ya responderlo. La respuesta es que no, no es malo. El helio no reacciona con nada y entra y sale de tus pulmones como si nada. Eso sí, cuidadín, porque lo que necesitas para sobrevivir es oxígeno y en los globos de helio no hay oxígeno, con lo cual, te ahogarías si solo respiraras helio. Y, además, no te darías cuenta. 

Tiene más aplicaciones, por supuesto, desde utilizarlo para el buceo (muy poco común, desde luego), fabricación de componentes electrónicos, soldadura y corte de ciertas piezas, para funcionamiento de superconductores (ciertos materiales, al ser enfriados a muy bajas temperaturas, se comportan de manera excepcional, dejando de oponer cualquier tipo de resistencia al paso de la electricidad), para enfriamiento de equipos de resonancia magnética (que suelen utilizar superconductores) o para pruebas de ciertos sistemas de los coches, como sistemas de refrigeración e incluso se utiliza en algunos airbags (junto con el argón, que ya veremos). 

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